El Silencio, llamada
originalmente El Silencio de Dios es
la película que cierra la llamada Trilogía (o
trilogía de la fe) de Ingmar Bergman. Si bien en las anteriores
cintas (A Través de un Vidrio Oscuro y Luz de Invierno), Bergman
explora de forma más explícita las cuestiones religiosas
y de fe, en El Silencio estos temas yacen de forma más y sutil y
menos perceptible, y es, para algunos críticos, un preludio a
películas posteriores, en los cuales cambia su enfoque, de Dios
a las personas, de la teología a la psicología.
El Silencio es la historia de
Anna (Gunnel Lindblom) y Ester (Ingrid Thulin), dos hermanas, que junto
a Johan (Jörgen Lindström), el hijo de Anna, llegan a una
ciudad extranjera, al parecer en guerra. El idioma, las personas, la
ciudad, son desconocidas y ajenas para ellos. La razón de su
viaje permanece como un misterio para nosotros.
La profesión de Anna es
desconocida, la de Ester es traductora y ambas son (como también
lo han hecho notar varios críticos), dos lados de una misma
persona (algo a lo que recurriría posteriormente Bergman, por
ejemplo, en su impresionante cinta Persona): Ester, postrada impaciente
en su habitación de hotel, escribiendo, bebiendo, fumando,
pensando en el sexo como una forma mecánica de "erecciones y
secreciones", y Anna es quien se atreve a atisbar el mundo
(extraño) exterior, teniendo relaciones ocasionales, viendo
tener sexo a otras personas, relatando sin pudor sus experiencias o
fantasias sexuales a su hermana. Es Anna la parte motriz, ejecutora y
corporal, y Ester la parte intelectual, la única creyente, en la
razón, el conocimiento y el significado de las cosas. Y lo que
presenciamos en esta cinta, es la irreconciliable situación de
ambas partes.
Y también está
Johan, el niño, parte fundamental de la trama. Es el,
quizás, quien más resiente esta extraña dualidad,
esta abierta batalla de egos y propósitos. Atrapado en estos
extraños mundos (la ciudad, su madre y su tía), se dedica
a explorar con avidez los pasillos del hotel donde se hospedan, sus
habitaciones de misterios, donde también acude a encuentros con
seres extraños.
Tomándose libertades en
ese tiempo prohibidas (sexualidad, desnudos, etcétera), Bergman
nos entrega en esta cinta, algo que, como se mencionó antes,
anticipa varias de sus cintas más importantes y fundamentales.
El Silencio es, como casi toda la obra de Bergman, una cinta
excepcional.